Superluna de enero o luna de los lobos
Publicado el 3 enero, 2018 5 comentarios
Aunque imagino que ya casi todo el mundo sabe lo que es una superluna, daré una pequeñita explicación: como la órbita del satélite alrededor de la Tierra no es estrictamente circular, sino un poco elíptica, unas veces la luna está más cerca de a tierra (perigeo) o mas lejos (apogeo) y la superluna se produce cuando está más cerca por lo que se verá aproximadamente un 14% mas grande y un 30% más luminosa. En el 2018 habrá 2 superlunas, la que acabamos de ver del 2 de enero ha sido la más grande de todas porque la distancia de la Tierra al perigeo será la más corta del año y por eso esta ha sido la auténtica superluna y la segunda y última llegará 28 días después, y como coincide en un mismo mes los astrónomos la denominan Luna Azul.
Esta luna también se la conoce por el nombre de luna de lobos y fue dado por las tribus nativas americanas en la época colonial, cuando los indígenas veían manadas de lobos cerca de sus asentamientos en invierno, debido a que estos bajaban del monte ya que tenían hambre y en el monte no había nada que comer. Otros nombres con los que se conoce a la primera luna de enero son: Vieja Luna, Luna de Hielo, Luna después de Yule y Luna de nieve.
Así que nos vemos en 28 días para la última superluna de este año, la del 31 de enero, la luna azul.
Décimo día: Tokio
Publicado el 3 noviembre, 2017 1 comentario
Y así, sin darnos cuenta llegamos a nuestro último día en Tokio. Nuestro avión salía por la mañana y no teníamos tiempo para nada mas que ir al aeropuerto, pero no quiero que los que si podais quedaros no aprovecheis el día, por lo que voy a recomendar lo que yo hubiera hecho.
Lo primero acercarme bien tempranito al mercado central de pescado de Tsukiji, que es el mayor mercado mayorista de Tokio. Para hacernos una idea casi 3000 toneladas de alimentos procedentes del mar son vendidos y manufacturados cada día en este lugar (por un valor total de 6000 millones de dólares norteamericanos) lo que hace el 90% del total de los tres mercados de Tokio. Es el mercado más viejo de Tokio fue creado desde sus comienzos, para ser el mercado central de la ciudad. Tokugawa Ieyasu su creador, decide en el siglo XVI en pleno periodo Edo, crear un mercado para abastecer el Castillo Edo (Castillo de Tokio) de tan suculentos manjares. Para ello invitó a los pescadores de Osaka a la ciudad de Tokio, para que suministraran el castillo. El sobrante era vendido en el Mercado de Uogashi, cerca del Puente de Nihonbashi. En 1918 entre la hambruna y ante la especulación de los mayoristas, se regula mediante la ley de 1923 de Mercado Central Mayorista. El terremoto de Kanto (1 de septiembre de 1923) arrasó la zona central de Tokio, y también el mercado de pescado de Nihonbashi. La reconstrucción que siguió trasladó el mercado al distrito de Tsukiji, y una vez terminadas en 1935, el nuevo mercado de pescados comenzó sus negocios. El plato fuerte de la visita al Mercado de Tsukiji es la subasta de atunes. Entre las 5:00 y las 6:15 se subastan toneladas de atunes congelados y frescos, recién traídos en avión, camiones y barcos procedentes de alta mar. En la subasta podéis ver la inspección de los tasadores, la subasta, la recogida y el posterior cortado. El único problema es que la entrada está limitada a 120 personas al día, divididas en dos grupos de 60 personas cada uno y que hay que apuntarse en la primera planta del Fish Information Center, que se localiza junto a la puerta Kachidoki Gate, en la calle Harumi Street. A las 5.00 de la mañana comienza la inscripción (se hace por orden de llegada), lo que no quiere decir ni mucho menos que por estar a esa hora consigas una plazas. Se que se organizan tours privados, pero al no haberlo probado yo, no puedo recomendarlo.
Después me habría dado una vuelta por la Estación Central de Tokio. Es la estación que más trenes tiene al día (unos 3000). Aquí comienzan la mayoría de líneas de Shinkansen (trenes bala) y es la conexión de dos líneas de metro así como de muchas líneas de Japan Railways (líneas JR), construida siguiendo el patrón de la Estación Central de Amsterdam. El edificio original fue inaugurado en 1914, aunque quedó gravemente afectado durante los bombardeos al final la Segunda guerra mundial y durante la posguerra fue reconstruida. Merece la pena también asomarse a su interior para ver su maravillosa bóveda del vestíbulo.
Ir a ver el Palacio Imperial que está muy cerca de la Estación Central de Tokio y es la residencia oficial de la familia imperial japonesa, aunque por reseñas de conocidos parece que no merece mucho la pena, pues aparte de los jardines, por dentro no se ve casi nada y las explicaciones son solo en japonés, a no ser que llegues de los primeros y te toque alguna de las 5-6 audio-guías que tienen en inglés, por eso yo opté por pasear por Ginzo que está muy cerca de la Estación Central de Tokio. También puedes ir a la zona de Odaiba, la Bahía de Tokio y ver una bonita puesta de sol desde el Rainbow Bridge.
Y con esto me despido de vosotros. Espero que hayáis disfrutado de Japón y que os sirva un poco de guía si tenéis pensado ir, cosa que os recomiendo para que descubráis por vosotros mismos la belleza y la cultura de este precioso país así como la bondad de su gente.
Noveno día: Parque Nacional de Nikko
Publicado el 27 octubre, 2017 1 comentario
Penúltimo día en Japón y en nuestro caso último día pues nuestro avión salía muy pronto al día siguiente con destino a Madrid, así que hoy era nuestra despedida y no pudo ser mejor, nos tocaba visitar el Parque Nacional de Nikko (Nikkō-shi, literalmente «luz del sol») que se encuentra en las montañas de la prefectura de Tochigi, en la región de Kantō, con alrededor de 1400 km2 de lagos, cascadas y arboledas de cedros japoneses es uno de los centros budistas más importantes de Japón, declarado por la UNESCO Patrimonio Mundial de la Humanidad desde 1999. Una de las maravillas que podemos ver es la cascada de Kegon que con sus 97 metros de altura es una de las tres más altas de Japón y, según los propios japoneses, la mejor y la mas bonita. Se alimenta en exclusiva del lago Chuzenji en las faldas del monte Nantai. Como el día no estaba muy claro la guía decidió ir a la cascada de Kegon a primera hora por si mas tarde la niebla fuera mucho mas espesa y no pudieramos subir y digo bien, subir, para llegar a la cascada había que subir por una carretera infernal que tiene según los japoneses 48 curvas que son el abecedario japonés y a cada curva le han puesto una letra del citado abecedario, pero doy fe que tiene muchísimas más, pero para hacerlo coincidir solo cuentan las mas cerradas.
El paisaje o lo que podiamos ver a través de la niebla era espectacular, pero tal y como presagiaba, en la cima no estaba más claro y tras las 48 curvas llegamos al parking, zona de descanso y al mirador desde donde se vé la cascada de frente, aunque en este caso la niebla lo ocultaba por lo que nos diriginos al ascensor para bajar a a otro mirador, como a la mitad de la cascada y aunque no pudieramos verla, poder sentir su rugido y ver un poco de sus flecos y tengo que decir que es realmente impresionante y no puedo imaginar la belleza que tiene que ser en días claros.
Tras tomar un pequeño refrigerio en los puestos que nos encontramos en el área de descanso pusimos rumbo al Sannai que es el nombre genérico que recibe la zona de santuarios y templos.
El Santuario de Tōshōgū es sin duda el recinto más destacado del complejo de Nikko. Se accede a través de un gigantesto torii de granito al final de una avenida de cedros centenarios. Terminado en 1636 cobija el mausoleo de Tokugawa Ieyasu, primer shogun Tokugawa. Está dedicado a la familia Tokugawa como se puede comprobar mirando el blasón familiar con tres malvarrosas, típico de esta familia que encontraremos en muchos lugares del santuario. Cruzando el torii de piedra entramos al santuario. Allí nos encontramos con una fantástica pagoda de cinco pisos, que representan, de abajo hacia arriba, tierra, agua, fuego, viento y cielo. El pilar principal se encuentra a diez centímetros del suelo para adaptarse a los cambios de temperaturas y grosor de la madera y es resistente a los terremotos. Si bien en un inicio el santuario Toshogu era más bien modesto, el tercer shogun y nieto de Ieyasu, Iemitsu, decidió ampliarlo y dotarlo de decoraciones espectaculares durante su gobierno, en honor a su abuelo. Así pues, hoy, el santuario Toshogu sorprende por su ostentación, el color y brillo de sus tallas de madera (mas de 5000 tallas) y decoraciones, que mezclan imágenes budistas y sintoístas, de tal forma que la mayoría de los edificios, así como numerosos elementos, han sido catalogados como Tesoros nacionales o valioso patrimonio cultural.
Tras el primer patio se encuentra la puerta Niomon, puerta de entrada al mausoleo. Aquí nos encontramos los antiguos almacenes que son una serie de edificios de preciosas tallas de madera, coloridas y muy elaboradas. Sobresale por encima de las demás el Shinkyusha (“establo sagrado”), un establo para los caballos blancos sagrados del santuario, que incluye un friso con ocho tallas de monos representando escenas cotidianas de la vida. Entre ellas se encuentra las famosas tallas de madera de los tres monos sabios: Mizaru (“No ver el mal”), Kikazaru (“No oir el mal”), y Iwazaru (“No Hablarle al mal”). Según la tradición nipona quieren decirnos que debemos negarnos a escuchar, ver y decir maldades. Los monos se han considerado mensajeros de los dioses y protectores de los caballos desde la antigüedad. También se consideran símbolos de la buena suerte, porque la palabra japonesa para mono, saru, también se utiliza, como verbo, cuando se habla de expulsar o abandonar la mala fortuna. Sin duda alguna, una sabia visión de la realidad porque sólo de esta manera podremos encontrar la paz interior y la paz con los demás. Aquí mismo también se encuentran las tallas de los elefantes sozonozo o elefantes imaginados, pues fueron tallados por un artista que nunca había visto un elefante.
Desde el segundo patio se puede apreciar la puerta Yomeimon, flanqueada por la torre de la campana y la torre del tambor. Los muros que se extienden a derecha e izquierda de la puerta están decorados con las esculturas de flores y aves más grandes de Japón, de colores brillantes y sorprendentes. Están representados 154 animales imaginarios o reiju (sagrados o animales espirituales) y en total hay 508 esculturas, midiendo la puerta más de 11 metros de alto. La puerta Yomeimon es la construcción más elaborada del santuario y el edificio más representativo de la arquitectura de Nikko.
Tras la puerta Yomeimon, nos encontraremos con la puerta Karamon, por la que no se puede cruzar, sino que tenemos que entrar por la derecha; tras esta puerta se encuentran el salón de plegarias Haiden y el salón principal Honden, para entrar hay que descalzarse y no se permiten las fotografías. A la izquierda encontramos el salón Honjido, y en la sala principal tiene representado en el techo al Nakiryu, o dragón que llora. Como había tantos turistas (las fotos dan fe de ello), fuimos entrando por grupos a la sala y una vez allí, uno de los monjes fue golpeando dos palos entre sí alrededor de la sala. Al final, se situó justo debajo de la boca del dragón y los golpeó de nuevo, generando un sonido único, muy similar al de un lloro, debido a la curiosa acústica de la sala diseñada para crear este efecto único.
Los muros del salón de plegarias Haiden y el salón principal Honden están conectados por dentro y están dedicados a Tokugawa Ieyasu, Toyotomi Hideyoshi y Minamoto Yoritomo. Al salir, nos encontraremos con el salón de los santuarios portátiles Shinyosha, donde se encuentran los mikoshi o santuarios portátiles que se pasean en los festivales de primavera y otoño de Nikko.
A continuación, situada a la derecha del salón principal, encontraremos la puerta Sakashitamon, que conduce al santuario interior Okusha, famosa por tener justo antes la talla de madera del nemurineko o ‘gato dormido’. En la parte de atrás hay un gorrión. Si el gato despertara se comería al gorrión, pero, sin embargo, conviven. Es un símbolo de la paz.
A continuación pasamos por la puerta Sakashitamon que es el inicio de un tramo de escaleras, con grandes árboles a ambos lados, que nos llevarán hasta el mausoleo de Tokugawa Ieyasu. En la tumba de Tokugawa Ieyasu sus restos se guardan en una urna de bronce que tiene una estatua de una grulla apoyando los pies en una tortuga, animal sagrado y símbolo de longevidad. Al lado nos encontramos con el árbol sagrado que representa la familia.
No nos queda mas tiempo y hay que volver al autobús, aunque podríamos quedarnos aquí días y días, así que tomamos el camino de vuelta por la avenida de los cedros centenarios y las linternas de piedra para despedirnos de Nikko admirando el puente Shinkyo o puente sagrado, lacado de rojo, sobre el rio Daiya. Aquí me voy a permitir contar una última leyenda para acabar el día: cuentan que el monje Shodo Shonin, fundador del Shihonryu-ji (el primero templo de Nikko, año 766) un día, mientras caminaba por el sendero de la montaña, se encontró con que el río embravecido bloqueaba el paso hasta la cima del monte Nantai. Rezó por encontrar un modo para cruzar y súbitamente apareció un gigante vestido de azul con una guirnalda de cráneos alrededor del cuello. “Aquí está tu puente”, rugió el dios, lanzando dos serpientes, una azul y otra verde de un lado al otro del río. El monje camino sin temor sobre las serpientes y cuando alcanzó el otro lado y se volvió para mirar atrás, tanto el dios como las serpientes habían desaparecido. Este es el motivo por el que también se conoce al puente Shinkyo como el puente serpiente. A partir de entonces, se cree que se construyó un primer puente y que era colgante. Más adelante, en 1509 pasó a ser levadizo y en 1963 fue cuando tomó la forma actual.
De vuelta en Tokio no quisimos despedirnos de tan bella ciudad sin darnos una vuelta y cenar en un típico restaurante japonés donde el cocinero cocina solo para ti. Todo una experiencia.
Y con muy buen sabor de boca me despido hasta la semana que viene con el último día en Japón.
Luna llena de octubre, la luna de la cosecha
Publicado el 10 octubre, 2017 Deja un comentario
Noche de luna llena, noche de lobos, noche de caza y como no podía ser de otra forma allí que fui. Difícil encuadre con la farola, era un reto introducirla en el encuadre y que no eclipsara la luna, pero había que intentar algo nuevo.
El jueves 5, tuvo lugar la luna llena de octubre 2017. Se trata de una luna llena especial, puesto que no recibe el nombre tradicional de su mes (la luna del cazador). En su lugar, recibe el nombre de «luna de la cosecha» por ser la luna más cercana al equinoccio de otoño. Es algo que no sucede muy a menudo… Este año, además, esta luna llena es la más cercana en el calendario al equinoccio de septiembre. Por ese motivo, la luna llena de este mes, y no la anterior, es la luna de la cosecha. Algo que no ocurre con mucha frecuencia. De hecho, la última vez que la luna de la cosecha fue en octubre sucedió en 2009 (hace ocho años, la máxima distancia entre este tipo de fenómenos). La próxima volverá a suceder en 2020 y, después, habrá que esperar de nuevo hasta 2028 para que se repita.
Sexto día: Shirakawago, Nagoya, Hakone
Publicado el 26 septiembre, 2017 1 comentario
Siguiendo por el interior de Japón, saliendo desde Takayama nos vamos a la región de Shirakawago, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, mas concretamente al pueblo de Ogimachi. Shirakawa-go es el nombre de una zona en el valle del río Shogawa, prefectura de Gifu y es famosa por sus casas construidas al estilo gassho-zukuri típico de la región. Este estilo se reconoce por sus altos techos de paja con la forma de manos unidas en oración. Los interiores son de madera, tienen una chimenea en el centro y están hechos para resistir las fuertes nevadas del invierno. Las residencias familiares de Shirakawago se conservan en su estado original desde hace casi 250 años. En las aldeas, las casas están separadas por campos de arroz que están conectadas por caminos un poco elevados. Empezamos la ruta desde el mirador de Shiroyama, al norte de la aldea y lugar donde se encontraba el castillo de Ogimachi. Desde allí se disfruta de una preciosa vista de la aldea y de sus casas.
Aparte de pasear tranquilamente por sus calles hay que visitar una de las casas tradicionales como por ejemplo la casa de la familia Wada (Wada-ke), que es una de las familias más ricas de Ogimachi y una de las mejor preservadas. La residencia Wada-ke fue construida a mediados del periodo Edo y sigue desempeñando sus funciones como residencia. En el interior se muestran utensilios, objetos y documentos antiguos pertenecientes a la familia Wada y en la buhardilla encontramos los utensilios para la cría de gusanos de seda. La seda, junto a la pólvora (ensho), era la otra principal fuente de ingresos y su actividad comercial jugó un papel muy importante. Sin embargo, a partir del año 1960, debido al bajo precio de las importaciones y a la proliferación del uso de la fibra sintética, esta industria cayó en declive. La familia Wada cría 500 gusanos entre los meses de julio y agosto y refina la pólvora elaborada por otras familias. La pólvora se obtiene mediante el proceso de fermentación de la mezcla de hierba, excrementos de gusanos de seda y orina humana. La fabricación de pólvora durante el periodo Edo fue una actividad comercial que reportó mucho dinero.
De aquí nos vamos a Nagoya para coger el tren bala con destino a Odawara.
Nagoya (名古屋市 Nagoya-shi) es la cuarta ciudad más grande de Japón, ciudad de grandes rascacielos, localizada en la costa del Pacífico en la región de Chūbu, en el centro de la isla de Honshū, es la capital de la prefectura de Aichi. La principal industria de Nagoya es el negocio de la automoción y aquí tiene su sede, entre otras, la marca de lujo Lexus perteneciente a Toyota, eso se ve reflejado en la cantidad de coches de marca Toyota que veremos por esta región. Aquí no nos paramos aunque tiene bastante para ver, así que si vais con tiempo recomiendo hacer una noche aquí y continuar de camino a Hokone al día siguiente.
Aquí quiero hacer un inciso y contar una experiencia que espero sirva de reflexión. A estas alturas del viaje el cansancio empieza a pasar factura y cuando entré en el tren bala cambié mi rutina. No dejé mi mochila conmigo sino que la subí al guardamaletas. Al rato de estar sentada en el tren, el paisaje se fué haciendo monotomo y la cámara me empezó a pesar, así que decidí quitármela del cuello y como no tenía mi mochila, dejarla en la bolsa del asiento delantero. Una hora después llegamos a Odawara, cogí mi mochila y salí pitando del tren. Horror, el tren se marchó con mi cámara. Desesperada hablé con mi guía Akiko que me dijo que me calmara que cuando llegaramos a Tokio al día siguiente me la devolvían. Hablamos con los funcionararios correspondientes de la Japan Rail que tomaron nota y me aseguraron que no había ningún problema, que la cámara la podría recoger al día siguiente en Tokio. Podeís imaginar mi desesperación, no conseguía hacerles entender que no era una cámara de juguete, sino una profesional que costaba una pasta y que nadie iba a devolvérmela. Ante mi negatividad, Akiko me aseguró que ella iba a estar constantemente en contacto con la Japan Rail y que en cuanto supiera algo me lo comunicaría. Ni que decir que pasé una noche y un día que no deseo a nadie, a pesar de todos los esfuerzos por saber algo, no fué hasta el día siguiente por la tarde cuando por fín un funcionario se puso en contacto con mi guía para decirle que efectivamente se había encontrado una cámara en el tren y que fueramos a la oficina de objetos perdidos en Tokio para identificarla. Muy amablemente Akiko me acompañó y voilà, mi cámara me fué entregada tal y como yo la dejé, en una bolsa de plástico. No daba crédito a mis ojos, pero era real. Esta experiencia solo puede tener final feliz en Japón. No imagino ningún otro sitio que la gente sea tan honrada y tan empática como aquí. Su filosofía es que si no lo deseas para ti no lo desees para otro; no desean ningún mal ajeno pues no lo quieren para ellos y, por supuesto, no se quedan nada que no sea suyo, pues se ponen en tu lugar y piensan lo que te habrá costado comprártelo y la angustía que sientes al perderlo. En fin, conclusión: estaré eternamente agradecida al pueblo japonés por ser como son y a Akiko por ayudarme en este dificil trance, ah y aprendí una lección: no cambiar mi rutina y no abandonar nunca mi cámara.
Y, después, de perder mi cámara llegamos a Hakone (箱根), punto turístico muy importante, principalmente por sus baños termales naturales colectivos (onsen) y por la belleza de su paisaje, ya que se encuentra dentro del Parque Nacional de Fuji-Hakone-Izu. Nosotros nos alojamos en Hakone Yumoto situado en una zona boscosa a orillas del río Hayakawa, problemente la mejor zona por la calidad y variedad de sus aguas. En esta zona se puede elegir entre alojarse en un hotel clásico con habitación japonesa o en un ryokan (旅館), que es un tipo de alojamiento tradicional japonés que originalmente se creó para hospedar visitantes de corta estancia. Entre otras comodidades, dispone de habitaciones con piso de tatami, algunas de ellas incluso tienen una terraza con una pequeña bañera termal al aire libre y de baños termales colectivos (onsen).
Las anteriores fotos han sido cedidas en su mayoría por mi pareja, ya que no estaba en situación de hacer ninguna foto, mi mas sincero agradecimiento.
Y con esto me despido hasta la semana que viene, con cámara prestada hasta Tokio, que seguiré contando el Parque Nacional de Fuji-Hakone-Izu.











