3 días en Palencia por la pequeña de Don Tiófilo

Vista de Villaescusa de Las Torres y rio Pisuerga

Primer día:

Junto con el grupo enfoque XV partimos un martes dirección Palencia de mano de la pequeña de Don Tiofilo. ¿Qué quien es?, pues ni mas ni menos que nuestra compañera Pilar Abad, Pilarín, que orgullosa ella de su tierra nos quiso hacer el honor de enseñárnosla personalmente. Partimos de amanecida hacia la primera parada: El Canal de Castilla, esclusas 17, 18, 19 y 20. Obra de Ingeniería Hidráulica del siglo XVIII y Bien de Interés Cultural desde 1991, utilizada todavía hoy en día como canal de riego y como oferta turística, ya que en algunas esclusas todavía se puede hacer un viaje en barcaza por él. Nosotros visitamos la esclusa cuádruple (17, 18, 19 y 20) que además de ser espectacular es muy importante ya que en este punto se cruza con el Camino de Santiago (Camino Lebaniego Castellano) lugar de  peregrinación por excelencia y Red de Sitios Cluniacenses. Esta red está declarada por el Consejo de Europa como Itinerario Cultural Europeo

De allí nos acercamos a Frómista, pequeño pueblo perteneciente a la provincia de Palencia y la comarca de Tierra de Campos y famosa por tener el románico mas puro representado en la iglesia de San Martín declarada Monumento Nacional en 1894. Mandada construir por Doña Mayor de Castilla en torno al año 1066 y ampliada a lo largo de los siglos con diferentes estancias. Durante su restauración, recupera su estructura original. Ejemplo de arquitectura románica, la decoración está formada por impostas de taqueado jaqués, capiteles de iconografías (vegetales, animales e historiadas) y los canecillos, pequeñas figuras que decoran los aleros de los tejados. Del exterior cabe destacar la zona de la cabecera compuesta por 3 ábsides, uno central semicircular y dos laterales de menor volumen. En su interior nos encontramos una nave de 3 cuerpos longitudinales con paredes desnudas y en el ábside central una talla de San Martín del siglo XV, una de Santiago del siglo XVI y en el centro el Cristo Crucificado de finales del siglo XIII. Por lo demás destacar el ajedrezado que recorre toda la iglesia y los capiteles.

Merece la pena acercarse también a la iglesia de San Pedro, de estilo gótico, que se inicia en el siglo XV y se termina de construir en la época renancetista, cuenta en su interior de un retablo central renacentista dedicado a San Pedro y San Pablo, presidido por San Telmo, nacido en la villa y patrono de Frómista, del cual se venera una reliquia en uno de los arcos del muro de la iglesia. Además, en la nave lateral izquierda se ha encontrado un retablo gótico oculto detrás del neoclásico del Cristo Crucificado que es una verdadera maravilla. En su interior, en una de las capillas laterales se encuentra el Museo de Arte Sacro en él podemos admirar una colección de 29 tablas pictóricas de estilo Hispano-Flamenco datado en el S.XV.

Después de haber ¨repostado¨ en la Hostería de Los Palmeros con un buen desayuno y descansado en sus preciosos salones, nos vamos a la Villa Romana La Olmeda en Pedrosa de la Vega. Descubierta el 5 de julio de 1968 y donada por su propietario a la Diputación Provincial de Palencia. Se trata de una villa romana de fines del siglo I o principios del II, en época Flavia. Un espléndido edificio con 2 partes independientes pero unidas por un pasillo, una la que servía de vivienda y la otra la de los baños, pero lo mas impresionante de esto es la calidad de los mosaicos y como se han conservado, destacando «El Oecus«, sala principal de la vivienda y donde está el mas grande y mejor conservado de todos.

De allí nos fuimos a dar un pequeño paseo por Saldaña para disfrutar de sus calles, sus soportales y sus casas.

Y sin pérdida de tiempo llegamos a Las Tuerces declarado Lugar de Interés Cultural, configuran un peculiar enclave paisajístico, resultado de los activos procesos de disolución llevados a cabo por la erosión de origen kárstico en las rocas calizas del Cretácico Superior, que forman un auténtico laberinto en el que se alternan grandes bloques de formas caprichosas. Gigantescas setas pétreas, puentes y arcos naturales, cerrados callejones y umbrías covachuelas dan lugar a un encantador paisaje que invita al tranquilo paseo y a la contemplación. La ruta que cogimos sale desde Villaescusa de las Torres y tras una primera subida llegamos a los laberintos de rocas, ascendiendo llegamos a la famosa «Mesa«; la cima mas alta de Las Tuerces con 1071 m. Desde arriba tenemos una espectacular vista del valle del Pisuerga y el Cañón de la Horadada.

Y con esto nos acercamos a descancar en Aguilar de Campoo, pero eso ya lo dejaremos para otro día. Hasta el siguiente post!

Séptimo día: Parque Nacional de Hakone, Tokio (Tokyo)

Torii Santuario de Hakone clavado en el lago Ashi

Amaneció un día gris, como no podía ser de otra manera. Había dejado abandonada mi cámara en el tren bala con destino a Tokio, en el desayuno mi guía me dijo que todavía no sabían nada de ella pues el tren iba directo a cocheras y hasta que no limpiaran el vagón no sabrían nada. Así que con estas pocas noticias cogí mi antigua Olympus OMD-EM-10 y mi mejor sonrisa y nos fuimos rumbo al Parque Nacional de Hakone ó Parque Nacional de Fuji-Hakone-Izu, llamado así precisamente porque desde aquí se puede ver, sino hay niebla y tienes suerte, el Monte Fuji (富士山 Fuji-san) que con una altitud de 3.776, es la montaña más alta de Japón y también el principal símbolo del país. Llegamos al Lago Ashi (芦ノ湖, Ashinoko) que se formó alrededor de la caldera del Monte Hakone, después de que su volcán entrara en erupción hace 3.000 años (lago cráter). Desde aquí tomamos un barco para hacer un minicruzero por el lago disfrutando de toda su belleza. A sus orillas se encuentra el Santuario de Hakone (Hakone jinja), un santuario sintoísta fundado en el año 757, del cual es muy famosa la puerta (torii) plantada en el lago. Los alrededores de este lugar son espectaculares ya que está en el medio de un bosque y se dice que muchas fuerzas y poderes divinos, como la buena fortuna en el matrimonio y descendencia, se concentran en este área al estar rodeada de multitud de árboles sagrados.
También podemos observar algunos curiosos «barcos piratas«, que cruzan todo el lago de sur a norte, hasta Togendai, desde donde se puede tomar el teleférico para Owakudani, cuentan que estos barcos son una reminiscencia de una época de guerreros mitológicos, cuando el dragón de nueve cabezas que vivía en las profundidades de Ashinoko aterrorizaba a la población, hasta que un monje del Monte Komagatake lo convirtiera en una deidad protectora. Una vez terminado el crucero tomamos el teleférico de Komagatake que conecta la estación de Shira-bidiara, a 1662m de altura, con la estación de Senjojiki, a 2612m de altura y lleva desde las orillas del lago Ashi a la cima del Monte Komagatake, una vieja chimenea del volcán Hakone. Es el primer funicular de Japón, y la diferencia de altura es la mayor diferencia en todo Japón (950m). En la cumbre se encuentra un santuario sintoísta aislado y ubicado donde originalmente se encontraba el santuario Hakone-Jinja y desde aquí arriba, si tienes suerte y no hay niebla, pues se dice que el Monte Fuji es muy tímido y por eso no se muestra, se puede disfrutar de una bonita vista del lago Ashi y del Monte Fuji.

Tras una parada para comer nos dirigimos hacia Tokio (東京都 Tōkyō-to, lit) ‘capital del este’; y actual capital de Japón. Tokio se subdivide en 23 barrios y ocupa un tercio de la metrópoli, con una población cercana a los 13,23 millones de habitantes; este área es lo que se conoce internacionalmente como la ciudad de Tokio. En su área metropolitana viven más de 36 millones de habitantes, lo que la convierte en la segunda mayor aglomeración urbana del mundo, después de Cantón (China). Nosotros lo primero que visitamos fué la Torre de Tokio.

La Torre de Tokio o Tokyo Tower (東京タワー)  es una famosa torre de comunicaciones emplazada en el centro de Tokio, en el distrito de Minato cuyo diseño se basó en la conocida Torre Eiffel de París  (curiosamiente es 8,6 metros mas alta que ella) y uno de los 8 mejores miradores de la ciudad. De característico color rojo y blanco, la Torre de Tokio abrió sus puertas al público  en 1958 para cubrir las retransmisiones de la cadena pública NHK, aunque en 1961 se añadieron también antenas de radio. Sin embargo, con el cambio de emisión analógica a digital de 2011, la Torre de Tokio no podía cubrir completamente la zona de Kanto y se construyó una nueva torre, muchísimo mayor, que diera salida a las nuevas necesidades de emisión:  la (altísima) Tokyo SkyTree, nuevo icono de la ciudad de Tokio. El 11 de marzo de 2011, la antena analógica de la parte superior de la torre de Tokio se dobló a causa del fuerte terremoto que sufrió el este de Japón  y poco más de un año después la antena fue retirada (puesto que además ya no se utilizaba con el cambio de emisión a digital) y con ello la altura de la torre pasó de 333 metros de alto a 315 metros. Consta de tres miradores, nosotros accedimos al primer mirador que está situado a 145 metros de altura y  donde se contempla el espectacular paisaje urbano de la ciudad de Tokyo. Como dato curioso en uno de los miradores hay una ventana en el suelo,  suelo de cristal (Lookdown Window) desde donde se observa una curiosa vista.

De aquí nos fuimos al hotel y por fin recibí la noticia de que habían encontrado una cámara, así que muy amablemente mi guía Akiko nos acompañó a la oficina de objetos perdidos de la estación central de Tokio donde afortunadamente me entregaron mi cámara intacta (Olympus OMD-EM1-Mark II), tal y como yo la había dejado, así que tras darle efusivamente las gracias a Akiko y más feliz que un regalíz, como se suele decir, retomé la visita a Tokio nocturno, empezando por el barrio de Shibuya. Nada más salir de Shibuya station se puede encontrar la intersección más famosa en el mundo. Cuando los semáforos se ponen en rojo, la calle se llena de miles de personas que cruzan en todas direcciones, es una escena increíble. Mezclarse con la gente, ir de compras o sencillamente pasear por sus calles es una experiencia única. También aquí es donde se encuentra la estatua de Hachiko que representa a un perro cuya historia es ahora famosa en todo el mundo, especialmente después del lanzamiento de la película («Siempre a tu lado, Hachiko», 2009). Este se hizo famoso por su enorme lealtad a su dueño, el profesor Eisaburō Ueno. Para encontrarla sólo hay que seguir las indicaciones para la Hachiko exit de Shibuya station. Nosotros no tuvimos mucha suerte pues el área estaba en restauración, vallado y hasta arriba de gente que además de querer fotografiar la estatua utiliza este lugar como punto de encuentro, cosa que yo desaconsejo de todas a todas pues es imposible encontrarte aquí con toda la multitud que hay.

Y continuando con la visita nocturna nos fuimos a ver el Ayuntamiento de Tokio, más conocido como Tochō,  el edificio del Ayuntamiento y Gobierno Metropolitano de Tokyo. Fue el edificio más alto de la ciudad hasta el 2006. Actualmente está entre las 8 edificaciones más altas de Japón. Obra del arquitecto Kenzō Tange  es una visita obligatoria pues en la planta 45 de cada una de sus torres hay un mirador a 202 metros de altura, totalmente gratuito y accesible por un ascensor que llega directamente y que nos permite admirar Tokio en todo su belleza. La torre sur abre por el día y la norte por la noche. Nosotros debido al poco tiempo que vamos a estar en Tokio, para aprovehcar al máximo fuimos de noche y accedimos a la torre norte pero como está prohibido el trípode y hay cristal, las fotos no son muy allá, pero da una idea de las maravillosas vistas que desde allí tenemos. Como dato a tener en cuenta, el acceso por metro es posible pero es sumamente largo y lioso por la cantidad de túneles que hay que atravesar hasta llegar al Ayuntamiento. Si vais durante el día, desde la torre sur hay una buena panorámica de la zona de Odaiba que es la isla artificial situada en la bahía de Tokio y el Rainbow Bridge.

Y de aquí a dormir, que al día siguiente hay que madrugar para ver lo máximo posible de Tokio. Así que con esto me despido hasta la semana que viene.

 

 

Sexto día: Shirakawago, Nagoya, Hakone

Panorámica de Ogimachi desde el mirador de Shiroyama

Siguiendo por el interior de Japón, saliendo desde Takayama nos vamos a la región de Shirakawago, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, mas concretamente al pueblo de Ogimachi. Shirakawa-go es el nombre de una zona en el valle del río Shogawa, prefectura de Gifu y  es famosa por sus casas construidas al estilo gassho-zukuri típico de la región. Este estilo se reconoce por sus altos techos de paja con la forma de manos unidas en oración. Los interiores son de madera, tienen una chimenea en el centro y están hechos para resistir las fuertes nevadas del invierno. Las residencias familiares de Shirakawago se conservan en su estado original desde hace casi 250 años.  En las aldeas, las casas están separadas por campos de arroz que están conectadas por caminos un poco elevados. Empezamos la ruta desde el mirador de Shiroyama, al norte de la aldea y lugar donde se encontraba el castillo de Ogimachi. Desde allí se disfruta de una preciosa vista de la aldea y de sus casas.

 

Aparte de pasear tranquilamente por sus calles hay que visitar una de las casas tradicionales como por ejemplo la casa de la familia Wada (Wada-ke),  que es una de las familias más ricas de Ogimachi y una de las mejor preservadas. La residencia Wada-ke fue construida a mediados del periodo Edo y sigue desempeñando sus funciones como residencia. En el interior se muestran utensilios, objetos y documentos antiguos pertenecientes a la familia Wada y en la buhardilla encontramos los utensilios para la cría de gusanos de seda. La seda, junto a la pólvora (ensho), era la otra principal fuente de ingresos y su actividad comercial jugó un papel muy importante. Sin embargo, a partir del año 1960, debido al bajo precio de las importaciones y a la proliferación del uso de la fibra sintética, esta industria cayó en declive. La familia Wada cría 500 gusanos entre los meses de julio y agosto  y  refina la pólvora elaborada por otras familias. La pólvora se obtiene mediante el proceso de fermentación de la mezcla de hierba, excrementos de gusanos de seda y orina humana. La fabricación de pólvora durante el periodo Edo fue una actividad comercial que reportó mucho dinero.

De aquí nos vamos a Nagoya para coger el tren bala con destino a Odawara.
Nagoya
(名古屋市 Nagoya-shi)
es la cuarta ciudad más grande de Japón,  ciudad de grandes rascacielos, localizada en la costa del Pacífico en la región de Chūbu, en el centro de la isla de Honshū, es la capital de la prefectura de Aichi. La principal industria de Nagoya es el negocio de la automoción y aquí tiene su sede, entre otras, la marca de lujo Lexus perteneciente a Toyota, eso se ve reflejado en la cantidad de coches de marca Toyota que veremos por esta región. Aquí no nos paramos aunque tiene bastante para ver, así que si vais con tiempo recomiendo hacer una noche aquí y continuar de camino a Hokone al día siguiente.

Aquí quiero  hacer un inciso y contar una experiencia que espero sirva de reflexión. A estas alturas del viaje el cansancio empieza a pasar factura y cuando entré en el tren bala cambié mi rutina. No dejé mi mochila conmigo sino que la subí al guardamaletas. Al rato de estar sentada en el tren, el paisaje se fué haciendo monotomo y la cámara me empezó a pesar, así que decidí quitármela del cuello y como no tenía mi mochila, dejarla en la bolsa del asiento delantero. Una hora después llegamos a Odawara, cogí mi mochila y salí pitando del tren. Horror, el tren se marchó con mi cámara. Desesperada hablé con mi guía Akiko que me dijo que me calmara que cuando llegaramos a Tokio al día siguiente me la devolvían. Hablamos con los funcionararios correspondientes de la Japan Rail que tomaron nota y me aseguraron que no había ningún problema, que la cámara la podría recoger al día siguiente en Tokio. Podeís imaginar mi desesperación, no conseguía hacerles entender que no era una cámara de juguete, sino una profesional que costaba una pasta y que nadie iba a devolvérmela. Ante mi negatividad, Akiko me aseguró que ella iba a estar constantemente en contacto con la Japan Rail y que en cuanto supiera algo me lo comunicaría. Ni que decir que pasé una noche y un día que no deseo a nadie, a pesar de todos los esfuerzos por saber algo, no fué hasta el día siguiente por la tarde cuando por fín un funcionario se puso en contacto con mi guía para decirle que efectivamente se había encontrado una cámara en el tren y que fueramos a la oficina de objetos perdidos en Tokio para identificarla. Muy amablemente Akiko me acompañó y voilà, mi cámara me fué entregada tal y como yo la dejé, en una bolsa de plástico. No daba crédito a mis ojos, pero era real. Esta experiencia solo puede tener final feliz en Japón. No imagino ningún otro sitio que la gente sea tan honrada y tan empática como aquí. Su filosofía es que si no lo deseas para ti no lo desees para otro; no desean ningún mal ajeno pues no lo quieren para ellos y, por supuesto, no se quedan nada que no sea suyo, pues se ponen en tu lugar y piensan lo que te habrá costado comprártelo y la angustía que sientes al perderlo. En fin, conclusión: estaré eternamente agradecida al pueblo japonés por ser como son y a Akiko por ayudarme en este dificil trance, ah y aprendí una lección: no cambiar mi rutina y no abandonar nunca mi cámara.

Y, después, de perder mi cámara llegamos a Hakone (箱根), punto turístico muy importante, principalmente por sus baños termales naturales colectivos (onsen) y por la belleza de su paisaje, ya que se encuentra dentro del Parque Nacional de Fuji-Hakone-Izu. Nosotros nos alojamos en Hakone Yumoto situado en una zona boscosa a orillas del  río Hayakawa, problemente la mejor zona por la calidad y variedad de sus aguas. En esta zona se puede elegir entre alojarse en un hotel clásico con habitación japonesa o en un ryokan (旅館), que es un tipo de alojamiento tradicional japonés que originalmente se creó para hospedar visitantes de corta estancia. Entre otras comodidades, dispone de  habitaciones con piso de tatami, algunas de ellas incluso tienen una terraza con una pequeña bañera termal al aire libre y de baños termales colectivos (onsen).

 

Las anteriores fotos han sido cedidas en su mayoría por mi pareja, ya que no estaba en situación de hacer ninguna foto, mi mas sincero agradecimiento.

Y con esto me despido hasta la semana que viene, con cámara prestada hasta Tokio, que seguiré contando el Parque Nacional de Fuji-Hakone-Izu.

 

Fuegos artificiales

Durante los últimos años he ido persiguiendo los fuegos artificiales allá donde voy,  pero hasta el 2016 no he tenido la técnica para conseguir algo medianamente presentable, así que os voy a ir dejando entradas de los mas bonitos.

Fuegos artificiales Las Rozas 2019

Fuegos artificiales Boadilla del Monte 2019

Fuegos artificiales Majadahonda 2019

Fiestas del Cristo de Majadahonda 2017

Fiestas del Cristo de Majadahonda 2016

Fuegos artificiales Majadahonda 2017

Las fiestas del Santísimo Cristo de los Remedios en Majadahonda todos los años cierra con un gran castillo de fuegos artificiales y este año no podía ser menos. Aquí os dejo una muestra.

Quinto día: Tsumago, Magome, Takayama

Reflejos de Takayama

Dejamos las grandes ciudades y templos para adentrarnos en el Japón más profundo para hacer una inmersión en su cultura haciendo la antigua ruta Nakasendo (中山道) que conectaba Edo (actual Tokio) con la ciudad de Kioto pasando por el valle de Kiso. Esta ruta formaba parte de las Gokaidō, o cinco rutas que partían desde Edo. Los pueblos de Tsumago y Magome son dos antiguos shukuba (宿場) o estaciones de descanso de la ruta Nakasendo. Magome era la estación número 41 y Tsumago la número 42 de las 69 estaciones de descanso que había en la ruta Nakasendo, también llamada en el pasado Kiso-kaidō o carretera Kiso, al encontrarse en plena región de Kiso.

Empezamos la aventura en la estación central de Kyoto para coger el famoso «tren bala«, que nos llevará a Nagoya y de ahí, en autobús, para llegar en primer lugar a  Tsumago (妻籠宿), una aldea totalmente turística  que se ha mantenido como era antaño. La calle principal Terashita está llena de tienda artesanales, restaurantes y alojamientos. Pasear entre sus calles y tiendas es todo una experiencia. Cada rincón es una curiosidad, en cada esquina que doblabas descubres un nuevo contraste de colores. Las vistas desde las colinas de los alrededores de la localidad, con los alpes japoneses al fondo, una verdadera maravilla. Aparte aquí nos encontramos con la casa antigua del jefe del pueblo que es una ex hospedería Samurai, la casa Waki Honjin Okuya. Realmente merece la pena verla, fué restaurada en 1877 y te cuenta como vivían los samurais.

De allí nos fuimos hacia Magome. Como estación era una de las más prósperas y cosmopolita, con una buena economía. Sin embargo, cayó en el olvido y la decadencia al construirse la línea principal Chūō para trenes, que no pasaba por Magome y quedó abandonada. En las últimas décadas se ha restaurado su aspecto para hacerlo como en el periodo Edo, dejando la calle principal  que lo cruza pavimentada con piedras. Magome es una calle con mucha pendiente, a ambos lados hay tiendas artesanales donde comprar artesanía de bambú y el típico dulce japonés «dulce de castaña- Kuri-kinton», además de comer las Oyaki o empanada japonesa y el senbei-galleta de arroz.

Después de tomar un ligero refrigerio seguimos camino hacia  Takayama (高山市 Takayama-shi). Ubicada entre montañas, conocidas como los Alpes japoneses, en la prefectura de Gifu, es agriculturalmente pobre. Durante el siglo VIII, al no poder contribuir con el arroz necesario para el pago de impuestos, Takayama los cubría con carpinteros, que eran altamente experimentados ya que la región es rica en madera. Entre 1682 y 1868, Takayama fue considerada la fuente oficial de madera, carpinteros y ebanistas para el shogunato. Takayama recibió el grado de ciudad en 1936. Actualmente es un popular centro turístico debido a que conserva  varios edificios antiguos, y en las afueras se construyó la «aldea típica de Hida», donde se han reproducido edificios de las aldeas montañosas del valle de Shirakawa. Las tres calles principales del casco viejo de Takayama llamado San-machi Suji son estrechas y están llenas de tiendas de productos tradicionales, talleres de artesanía,  tabernas y cervecerías (indicadas por una bola de agujas de cedro colgando en el exterior) y las mejores destilerías de sake.

Japón, al estar localizado sobre una zona volcánica, posee numerosos lugares de aguas termales u onsen (温泉) a lo largo de todo el país. Se trata de piscinas termales naturales de agua (sobre los 40 grados),  de origen natural que suelen contener diferentes minerales y tienen propiedades beneficiosas para la piel y el cuerpo. Además de ser muy relajantes. Tsumago fue nuestra primera experiencia en un onsen y recomiendo no tener verguenza y disfrutarlo siguiendo todo el ritual.

Takayama es mucho mas que la zona del casco viejo, pero nosotros debido a nuestro poco tiempo no pudimos hacer mucho mas así que recomiendo, si puede ser quedarse un día mas y descubrirla poco a poco.

 

En la ciudad

Luces de la ciudad

En mayo del 2017 con el grupo enfoque XV preparamos una exposición diferente, esta vez no tocaba nada de naturaleza, nos centramos en lo urbano, paisaje urbano, street photography a la que titulamos «En la ciudad».

Fotos montadas a sangre en marco negro de 50x70cm las dos primeras y las tres restantes en 50x40cm.

Precio: 70x50cm … 100,-euros
50x40cm …    70,-euros

Buscando el color

Canal de Castilla, Medina de Rioseco, Valladolid

Primera exposición de fotografía realizada en la Casa de la Cultura «Carmen Conde» de Majadahonda en diciembre del 2016 y muy importante para mi ya que fué aquí donde me convertí en el fotógrafo que soy de la mano del prestigioso fotógrafo Angel Baltanás.

Obras montadas en marco negro de 50x60cm y paspartu blanco las 3 primeras y negro las dos últimas.
Precio de cada una: 100,-euros

Cuarto día: Saga-Arashiyama, Bosque de bambú, Templo de Jojakko-ji, Templo de Tenru-ji, bajada río Hozu

Bosque de bambú

Llegado aquí ya nos vemos con la experiencia de intentar hacer una excursión en nuestro día libre a la vecina Arashiyama (嵐山), que se encuentra al oeste de la ciudad de Kyoto. Para llegar a Arashiyama desde el centro de Kyoto  hay varias opciones pero ya que nosotros estábamos alojados en el Hotel Gran Vía, que está en la misma estación central del Kyoto, optamos por ir en tren de la línea JR, aunque también se puede ir en autobús del trasporte público.
En Arashiyama hay muchas cosas que ver, una docena de templos, el puente Togetsukyo, la reserva de monos Iwatayama etc., pero lo primero que yo quería ver era el famoso bosque de bambú. Según sales de la estación, coges en dirección contraria a donde va todo el mundo y llegas a esta maravilla de la naturaleza. Los altísimos y flexibles troncos de bambú de un verde apagado se mecen por el efecto de una suave brisa, originando un relajante murmullo de suaves crujidos y roces de hojas. Este sonido, curiosamente, ha sido declarado por el Gobierno japonés como uno de los “100 sonidos a preservar en Japón”.

Tras deleitarnos paseando por su interior era hora de elegir que templos queríamos ver, así que nos decidimos primero por el de Jojakko-ji ya que era el que más cerca teníamos y el que nos adentraba en la montaña Ogura. Jojakko-ji es un templo construido como lugar de retiro para el sacerdote Nisshin, después de unos problemas político-religiosos que causaron la escisión de la secta Nichiren de la que Nisshin era el sacerdote principal. La causa de la escisión fué no querer doblegarse a las ambiciones de Hideyoshi. El templo está situado sobre la falda de la montaña Ogura,  con diferentes estructuras a todos los niveles, todas ellas rodeadas de una exuberante naturaleza, para mí uno de uno de los mejores que se pueden ver en la zona y como está retirado del bullicio de Arashiyama no van muchos turistas. Se puede disfrutar de su tranquilidad y su belleza, al llegar a la parte alta hay una vista preciosa de Arashiyama. Como dato curioso, en 1990 se instauró el mausoleo Shien para enterrar las cenizas de mujeres no casadas, según un concepto creado por los miembros de la Sociedad Monumento a las Mujeres.

Aquí fue donde  el 11 de diciembre de 1997 fue firmado el Protocolo de Kyoto, un tratado internacional que amplió la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992 y que comprometió a los países firmantes a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Protocolo de Kyoto

Protocolo de Kyoto

El segudo templo que visitamos fue El tempo Tenryu-ji, el más importante de los cinco templos budistas de Kyoto, fundado  en el 1339 por Ashikaga Takauji para llorar la muerte del Emperador Go-Daigo. En un principio, el templo fue llamado Ryakuo Shiseizen-ji y cuenta la historia que en 1339 el monje Muso Soseki tuvo una premonición donde veía al emperador Go-Daigo (1288-1339) caminar por el Kameyama Dono vistiendo el hábito monacal lo que indicaba su muerte próxima, que se produjo en septiembre de ese mismo año. A raíz de esto Muso le propuso al shogun Ashikaga transformar la villa en un templo zen. Poco tiempo después Muso ( o según quien lo cuente el hermano pequeño de Takauji, Tadayoshi), tuvo un sueño sobre un dragón de oro sobrevolando  el río Oi, que rodea el templo por el sur y el oeste, por esto el templo recibió un nuevo nombre Tenryu Shishozenji, simplificado como Tenryuji o “Templo del dragón celestial”, que fue finalizado en 1351.

El templo Tenryu-j es en uno de los más bonitos de la zona, en especial su jardín zen del siglo XIV que sorprende por su vegetación. El jardín Sogenchi debe su nombre al estanque Sogenchi, con el reflejo de la arboleda en el estanque y las montañas de Arashiyama alrededor hacen de este lugar un entorno natural que aporta la dosis perfecta de relajación y armonía. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1994 por la UNESCO y ha perdurado en su estado original a lo largo de los siglos. Rodeando el jardín del Tenryu-ji también se puede acceder al bosque de bambú  desde una de las salidas del templo accedemos directamente al camino que lo atraviesa.

Pero como ya lo hemos visto aprovechamos la ocasión para hacer un alto en el camino antes de cruzar el puente Togetsukyo y nos deleitamos como una rica Sapporo (cerveza japonesa) acompañada de yakitoro y terayaki y a observar a la multitud de turistas y visitantes que llenan las aceras. Por las calles, entre el tráfico se mezclan los rickshaw tirados por sonrientes jóvenes japoneses que hacen las delicias de las jovencitas. Por si no lo sabéis la palabra inglesa rickshaw es una derivación de la palabra japonesa jinrikisha (人力車 – Hombre, Fuerza, Vehículo).

Desde el puente Togetsukyo, literalmente “puente que cruza la luna”, se tienen unas vistas espectaculares de toda Arashiyama. Es una reconstrucción (de la década de 1930) de uno del periodo Heian. Una vez lo cruzamos en la otra ribera podemos acercarnos al Iwatayama Monkey Park, que es una reserva de macacos japoneses, la única especie de estos primates que vive en Japón. Se extiende en las colinas de Arashiyama, al sur del Togetsukyo Bridge. Hay alrededor de 170 monos libres en todo el parque que te puedes encontrar por toda la subida hasta la cima (unos 10 minutos) desde la que se puede disfrutar de una buena vista del río y del valle.

En mi caso, que no me gustan mucho los monos, decidimos hacer una excursión en tren en el  Sagano Scenic Railway a Kameoka desde Arashiyama para volver bajando el río Hozu tomando la Hozu-gawa River Boat Ride. Este tren, también llamado Sagano Romantic Train, conecta Torokko Arashiyama Station con Torokko Kameoka Station, siguiendo una ruta muy espectacular a lo largo del río Hozu. Los trenes utilizados son de época, con bancos de madera y van a baja velocidad para poder disfrutar de la vista. Cada tren está formado por  solo 5 coches, el trayecto es de unos 7 km de largo y el viaje dura 25 minutos. Una vez en la Torokko Kameoka Station hay que seguir a la gente y coger un autobús que te lleva a la central de la Hozu-gawa River Boat Ride para coger el barco que desciende a lo largo del río Hozu hasta Arashiyama, alrededor de 2 horas. Las embarcaciones utilizadas son tradicionales construídas en madera y siguen la ruta que una vez fue usada por los comerciantes de arroz y madera. Están dirigidas por 3 hombres usando solamente la fuerza de sus brazos, dos en proa, uno con una pértiga de bambú que mete en los agujeros que se han ido haciendo con los años en las rocas cercanas para evitar volcar el barco, otro con un remo y el último en popa que lo guía con el timón.
La bajada del río Hozu, dependiendo de la fecha del año, es espectacular. Nosotros como la hicimos a finales de julio encontramos poca agua, de hecho había lugares que el fondo de la barca rozaba con las piedras, aunque tuvimos un par de saltos de agua que hicieron las delicias de los turistas japoneses con los que viajabamos. A ambos lados del río se van sucediendo laderas de montañas escarpadas, bosques de bambú, árboles de pino o arce y
una serie de rocas con formas de animales, también se pueden apreciar aves de diferentes especies tales como cormoranes, garzas, etc., incluso te puedes topar con gente en piragüa o con algún grupo que practica el salto desde las rocas.

A media hora de llegar al destino final, más o menos, te sorprende un barco-bar que se acerca y nos remolca hasta Arashiyama. Èste navega por el río y ofrece tentempiés variados como oden, calamar a la plancha o mitarashi dango, además de cerveza, refrescos o café. Un perfecto final de una excursión totalmente recomendable para hacer una inmersión en este país y sentirte uno mas de ellos, eso sí, sin entender absolutamente nada pues todas las explicaciones son en japonés y aunque de vez en cuando, intentan soltar alguna palabra en inglés para explicarte algo (éramos los únicos occidentales), era casi inútil, no entendíamos nada de nada. Aun así repito, una excursión totalmente recomendable.

Con esto acabamos el cuarto día en Japón y la semana que viene nos vamos hacia el interior, Magome, Tsumago y Takayama.

 

Primer posado de Guillermo

El pasado mes de julio, en una tarde de juegos, pudimos fotografiar a Guillermo de tan solo seis meses pasándoselo en grande, uno mas entre sus muñecos.
Este es el resultado.