Publicado en Cuaderno de viaje

Cuarto día: Saga-Arashiyama, Bosque de bambú, Templo de Jojakko-ji, Templo de Tenru-ji, bajada río Hozu

Llegado aquí ya nos vemos con la experiencia de intentar hacer una excursión en nuestro día libre a la vecina Arashiyama (嵐山), que se encuentra al oeste de la ciudad de Kyoto. Para llegar a Arashiyama desde el centro de Kyoto  hay varias opciones pero ya que nosotros estábamos alojados en el Hotel Gran Vía, que está en la misma estación central del Kyoto, optamos por ir en tren de la línea JR, aunque también se puede ir en autobús del trasporte público.
En Arashiyama hay muchas cosas que ver, una docena de templos, el puente Togetsukyo, la reserva de monos Iwatayama etc., pero lo primero que yo quería ver era el famoso bosque de bambú. Según sales de la estación, coges en dirección contraria a donde va todo el mundo y llegas a esta maravilla de la naturaleza. Los altísimos y flexibles troncos de bambú de un verde apagado se mecen por el efecto de una suave brisa, originando un relajante murmullo de suaves crujidos y roces de hojas. Este sonido, curiosamente, ha sido declarado por el Gobierno japonés como uno de los “100 sonidos a preservar en Japón”.

Tras deleitarnos paseando por su interior era hora de elegir que templos queríamos ver, así que nos decidimos primero por el de Jojakko-ji ya que era el que más cerca teníamos y el que nos adentraba en la montaña Ogura. Jojakko-ji es un templo construido como lugar de retiro para el sacerdote Nisshin, después de unos problemas político-religiosos que causaron la escisión de la secta Nichiren de la que Nisshin era el sacerdote principal. La causa de la escisión fué no querer doblegarse a las ambiciones de Hideyoshi. El templo está situado sobre la falda de la montaña Ogura,  con diferentes estructuras a todos los niveles, todas ellas rodeadas de una exuberante naturaleza, para mí uno de uno de los mejores que se pueden ver en la zona y como está retirado del bullicio de Arashiyama no van muchos turistas. Se puede disfrutar de su tranquilidad y su belleza, al llegar a la parte alta hay una vista preciosa de Arashiyama. Como dato curioso, en 1990 se instauró el mausoleo Shien para enterrar las cenizas de mujeres no casadas, según un concepto creado por los miembros de la Sociedad Monumento a las Mujeres.

Aquí fue donde  el 11 de diciembre de 1997 fue firmado el Protocolo de Kyoto, un tratado internacional que amplió la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992 y que comprometió a los países firmantes a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero.

Protocolo de Kyoto
Protocolo de Kyoto

El segudo templo que visitamos fue El tempo Tenryu-ji, el más importante de los cinco templos budistas de Kyoto, fundado  en el 1339 por Ashikaga Takauji para llorar la muerte del Emperador Go-Daigo. En un principio, el templo fue llamado Ryakuo Shiseizen-ji y cuenta la historia que en 1339 el monje Muso Soseki tuvo una premonición donde veía al emperador Go-Daigo (1288-1339) caminar por el Kameyama Dono vistiendo el hábito monacal lo que indicaba su muerte próxima, que se produjo en septiembre de ese mismo año. A raíz de esto Muso le propuso al shogun Ashikaga transformar la villa en un templo zen. Poco tiempo después Muso ( o según quien lo cuente el hermano pequeño de Takauji, Tadayoshi), tuvo un sueño sobre un dragón de oro sobrevolando  el río Oi, que rodea el templo por el sur y el oeste, por esto el templo recibió un nuevo nombre Tenryu Shishozenji, simplificado como Tenryuji o “Templo del dragón celestial”, que fue finalizado en 1351.

El templo Tenryu-j es en uno de los más bonitos de la zona, en especial su jardín zen del siglo XIV que sorprende por su vegetación. El jardín Sogenchi debe su nombre al estanque Sogenchi, con el reflejo de la arboleda en el estanque y las montañas de Arashiyama alrededor hacen de este lugar un entorno natural que aporta la dosis perfecta de relajación y armonía. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1994 por la UNESCO y ha perdurado en su estado original a lo largo de los siglos. Rodeando el jardín del Tenryu-ji también se puede acceder al bosque de bambú  desde una de las salidas del templo accedemos directamente al camino que lo atraviesa.

Pero como ya lo hemos visto aprovechamos la ocasión para hacer un alto en el camino antes de cruzar el puente Togetsukyo y nos deleitamos como una rica Sapporo (cerveza japonesa) acompañada de yakitoro y terayaki y a observar a la multitud de turistas y visitantes que llenan las aceras. Por las calles, entre el tráfico se mezclan los rickshaw tirados por sonrientes jóvenes japoneses que hacen las delicias de las jovencitas. Por si no lo sabéis la palabra inglesa rickshaw es una derivación de la palabra japonesa jinrikisha (人力車 – Hombre, Fuerza, Vehículo).

Desde el puente Togetsukyo, literalmente “puente que cruza la luna”, se tienen unas vistas espectaculares de toda Arashiyama. Es una reconstrucción (de la década de 1930) de uno del periodo Heian. Una vez lo cruzamos en la otra ribera podemos acercarnos al Iwatayama Monkey Park, que es una reserva de macacos japoneses, la única especie de estos primates que vive en Japón. Se extiende en las colinas de Arashiyama, al sur del Togetsukyo Bridge. Hay alrededor de 170 monos libres en todo el parque que te puedes encontrar por toda la subida hasta la cima (unos 10 minutos) desde la que se puede disfrutar de una buena vista del río y del valle.

En mi caso, que no me gustan mucho los monos, decidimos hacer una excursión en tren en el  Sagano Scenic Railway a Kameoka desde Arashiyama para volver bajando el río Hozu tomando la Hozu-gawa River Boat Ride. Este tren, también llamado Sagano Romantic Train, conecta Torokko Arashiyama Station con Torokko Kameoka Station, siguiendo una ruta muy espectacular a lo largo del río Hozu. Los trenes utilizados son de época, con bancos de madera y van a baja velocidad para poder disfrutar de la vista. Cada tren está formado por  solo 5 coches, el trayecto es de unos 7 km de largo y el viaje dura 25 minutos. Una vez en la Torokko Kameoka Station hay que seguir a la gente y coger un autobús que te lleva a la central de la Hozu-gawa River Boat Ride para coger el barco que desciende a lo largo del río Hozu hasta Arashiyama, alrededor de 2 horas. Las embarcaciones utilizadas son tradicionales construídas en madera y siguen la ruta que una vez fue usada por los comerciantes de arroz y madera. Están dirigidas por 3 hombres usando solamente la fuerza de sus brazos, dos en proa, uno con una pértiga de bambú que mete en los agujeros que se han ido haciendo con los años en las rocas cercanas para evitar volcar el barco, otro con un remo y el último en popa que lo guía con el timón.
La bajada del río Hozu, dependiendo de la fecha del año, es espectacular. Nosotros como la hicimos a finales de julio encontramos poca agua, de hecho había lugares que el fondo de la barca rozaba con las piedras, aunque tuvimos un par de saltos de agua que hicieron las delicias de los turistas japoneses con los que viajabamos. A ambos lados del río se van sucediendo laderas de montañas escarpadas, bosques de bambú, árboles de pino o arce y
una serie de rocas con formas de animales, también se pueden apreciar aves de diferentes especies tales como cormoranes, garzas, etc., incluso te puedes topar con gente en piragüa o con algún grupo que practica el salto desde las rocas.

A media hora de llegar al destino final, más o menos, te sorprende un barco-bar que se acerca y nos remolca hasta Arashiyama. Èste navega por el río y ofrece tentempiés variados como oden, calamar a la plancha o mitarashi dango, además de cerveza, refrescos o café. Un perfecto final de una excursión totalmente recomendable para hacer una inmersión en este país y sentirte uno mas de ellos, eso sí, sin entender absolutamente nada pues todas las explicaciones son en japonés y aunque de vez en cuando, intentan soltar alguna palabra en inglés para explicarte algo (éramos los únicos occidentales), era casi inútil, no entendíamos nada de nada. Aun así repito, una excursión totalmente recomendable.

Con esto acabamos el cuarto día en Japón y la semana que viene nos vamos hacia el interior, Magome, Tsumago y Takayama.

 

Autor:

Fotógrafo profesional

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